Autor: Volskiervers

Fuente: http://www.polseguera.com/writers/writing-906_enlace-neurona.html


Enlace neurona

Doña Matilde, desde hace unos pocos días advierte en la persona de su padre detalles que le parecen erráticos. Cabe señalar que ella a su padre siempre le tuvo miedo, ese miedo que podría llamarse institucional, establecido, consolidado...Para ella tener miedo a padre era algo normal, quizá no natural pero sí normal. Esto no quiere significar que ella entrase en pánico ante él.

Una mañana temprano, ella había bajado a comprar pan, y de vuelta al ir a entrar en el edificio se encontró con que padre salía en paños menores con una bolsa de plástico cualquiera...

“¡Pero padre! ¿adónde va usted?” Matilde siente un nudo en el estómago, a pesar del miedo que siempre sintió hacia aquel maestro de la ironía burlesca y del puñetazo en la mesa, o sobre la puerta y el portazo al salir de casa.

Aquel maestro habla así “Voy a buscar a la mama”.

Matilde queda un tanto confusa, pero habla, responde, actúa “¡Padre!, ¿no se acuerda usted que madre murió hace ya diez años?”

En pocos minutos, aquella temerosa mujer comprobó que padre dejó de atinar, parecía ser que era un desatinar gradual y progresivo...

Pocos días después padre e hija se encuentran en una sala de espera, en el edificio del complejo sistema de salud pública. La visita era para neurología, para unas pruebas.

Aquella hija convertida en madre y él con porte un tanto sumiso entran, se sientan...Tras la mesa la experta, la doctora. Mujer que parece algo fría, distante, quizás para protegerse...

Empieza la consulta, las preguntas dirigidas a Eulogio que respondía en consonancia con su estado con su condición.

La hija-madre, de vez en cuando debía contextualizar lo que decía su protegido, y a veces, por respuesta surgía una incoherencia, que necesitaba clarificarse o interpretarse.

Matilde empezó a comprobar la frialdad médica, la indiferencia, Matilde sabe que la paciencia tiene un límite, por eso tiene paciencia con la doctora...

Para mal o para bien aquel encuentro más o menos forzado y frío y automático acabó.

La doctora, para bien o para mal, no mostró en ningún momento algo de originalidad ni siquiera un poco...

Matilde, ya en la puerta de la consulta dice mientras sale “Padre, espéreme ahí sentado un momento”. El hombre, un tanto ausente toma asiento.

Y Matilde se coloca ante la mesa de la facultativa y con la convicción de si lo que iba hacer estaba bien o mal, de si aquello era políticamente correcto o incorrecto, con toda esa carga sintió que tenía que sacar fuera lo que en pocos minutos se generó en su interior, así que se lanzó y “Doctora, ¿usted, al año, cuantas horas hace de voluntaria en un centro o residencia para personas mayores?

El miedo vestido de duda la dejó ahí clavada a Matilde que no se movió... ¿por educación? ¿por miedo?

La doctora quedó en silencio...