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(31 diciembre 2008)
Amigo imaginario:
Hemos llegado al final de un año que será recordado, especialmente,
como el año de la crisis económica global. Pero ¡hemos llegado! Y
eso tiene que ser motivo más que suficiente para sentirse
razonablemente bien. Otros, tristemente, no lo han logrado. O no se
lo han permitido. Porque muchos de nosotros, en este año que se va,
perdimos a algún familiar o amigo. O, tal vez, a ambos.
Alguien dijo: “Por muy mal que hayan ido las cosas, hay que pensar que
podían haber ido mucho peor.” Amigo mío, no se consuela el que no
quiere. Pero, desde mi punto de vista, el 2008 ha sido un año
de…(dejo puntos suspensivos por respeto a ti, y me quedo con las ganas
de escribir una grosería).
En lo que se refiere a la política ¡qué te voy a contar! Este ha sido
un año muy duro para el Gobierno, sobre todo en los últimos meses,
puesto que la crisis ha originado que numerosas empresas hayan
presentado expedientes de regulación de empleo, y ello ha propiciado
un alarmante aumento del paro. De todos modos, como me he vuelto muy
escéptico, soy libre de pensar que muchas de esas empresas, al amparo
de la maldita crisis –y alegando ¡vete tú a saber qué motivos!-, han
decidido presentar los oportunos (inoportunos) expedientes de
regulación -pasando sus empleados a incrementar las listas del paro-,
y aquí paz y después gloria.
También está la descapitalización de los bancos y cajas -¡toma
castaña!-, lo que ha supuesto un gran esfuerzo económico para los
gobiernos. Y una gran incertidumbre para los pequeños ahorradores,
totalmente ajenos a las estrategias financieras, que veíamos peligrar
los cuatro euros que tenemos ahorrados.
Y, ¡cómo no!, la lacra del terrorismo, que de nuevo ha vuelto a dejar
su huella asesina. ¡Cobardes!
Ocurrieron más cosas en este 2008 que se acaba. Por ejemplo, los
disturbios en Turquía después de que la policía matara a un joven,
cuando intentaba disolver una manifestación.
¡Qué te voy a contar de la violencia de género! 72 mujeres han sido
asesinadas este año por sus parejas o ex parejas. Una cifra
escalofriante y una verdadera lacra social. Luego están la esclavitud,
el hambre y las enfermedades en países del llamado Tercer Mundo. La
inmigración, en la que hombres, mujeres y niños, en una decisión
desesperada, inician un arriesgado peregrinaje que, lamentablemente,
no siempre –o casi nunca- tiene un final feliz.
Luego están las guerras -comportamiento irracional del ser humano-,
como demostración de fuerza y supremacía, que se cobran miles de vidas
inocentes. En los últimos cuatro días, la ofensiva militar de Israel
contra la Franja de Gaza, se ha saldado con 380 muertos y 1.700
heridos en ese territorio palestino. Y, de momento, no se vislumbra el
final de estos ataques despiadados, con misiles dirigidos hacia
objetivos que se encuentran en medio de una ciudad superpoblada de
civiles -incluidos centros de enseñanza y bloques de viviendas-,
matando a hombres adultos, ancianos, mujeres y niños. La verdad es
que, en todas las guerras, ambos contendientes cometen excesos. Pero,
al que es atacado le asiste la obligación de defenderse -o rendirse-
hasta las últimas consecuencias. Y esa es una realidad incuestionable.
Otro asunto de cierta envergadura, y de gran calado político en
nuestro país, ha sido el nuevo modelo de financiación autonómica que,
sin duda alguna, requiere, por parte del Gobierno, una notable
habilidad político-financiera para lograr contentar a todos.
Pero, sin duda, la noticia estrella de este año 2008 que finaliza, y
que eclipsó a todas las demás, ha sido la elección del senador Barack
Obama como el próximo inquilino de la Casa Blanca, convirtiéndose así
en el primer presidente afroamericano en la historia de los Estados
Unidos de América.
Después de este somero repaso a lo acontecido en este año bisiesto que
agoniza, espero que el 2009 sea razonablemente mejor. Y mis deseos
quedan condensados en el siguiente decálogo:
• Que remita la crisis económica y que disminuya el paro.
• Que la lacra de la violencia de género desaparezca definitivamente.
• Que las guerras dejen paso al entendimiento entre los pueblos.
• Que ETA se disuelva de una puñetera vez.
• Que los empresarios se humanicen y respeten los derechos de los trabajadores.
• Que la Declaración Universal de los Derechos Humanos sea algo más
que un documento.
• Que la esclavitud, las epidemias y el hambre, en cualquier lugar del
mundo, sean erradicadas y dejen de ser noticia.
• Que la buena salud nos acompañe a todos.
• Que no pasemos privaciones y podamos darnos un homenaje de vez en
cuando, aunque sea pequeño.
• Que en el terreno afectivo-sentimental…¡Dios reparta suerte!
Y a ti, desconocido amigo, sabes que te deseo lo mejor, y espero poder
continuar esta relación epistolar que mantengo contigo desde hace poco
más de un año.
Un fortísimo abrazo y, a pesar de la que está cayendo, Feliz Año Nuevo.
(04 enero 2009)
Amigo imaginario:
Hoy, al abrir el periódico por las páginas de opinión, me llamó la
atención el titular: “Gorrón y cuenta nueva”, correspondiente a un
artículo, que he leído con natural curiosidad.
Decía así: “Están por todas partes. Tienen más morro que un coche de
lujo. Quieren ser los más ricos del cementerio. Y, ahora con la
crisis, quienes ya eran amarrados con el dinero no sueltan un euro de
más, ni por error. Se les conoce fácil a la hora de pagar. Piden y
piden, sin cortarse, y da la sensación de que invitan ellos hasta que
llega el instante de solicitar la cuenta. Es entonces cuando mejor se
localiza al gorrón y cuenta nueva hasta el siguiente incauto.
Empiezan las disculpas. Los hay que juran, apurados, que olvidaron ir
al cajero. Y añaden que no tienen problema, si es necesario, en
recorrer cinco manzanas para sacar efectivo. Tú le dices que da igual,
que otro día. El otro día no llega nunca. Los hay que ponen cara de
sorpresa al abrir la cartera y descubrir que no tienen la tarjeta. Tú
les contestas que no pasa nada, que otra noche. Los hay que sólo
tienen un billete grande. El mismo billete grande que utilizan una y
otra vez para que siempre les salgan gratis las consumiciones. Y tú
les sueltas: ‘Tranquilo, ya pagarás en tu cumpleaños’ pensando que
alguien tan agarrado seguro que cumple el 29 de febrero para invitar
menos. Los tiempos no están para desangrarse económicamente, pero los
cutres no cambian ni en fin de año. Acechan a los manirrotos que saben
que el dinero sólo sirve para disfrutarlo antes de que se lo lleve el
viento. ¿Quién te cambia euros en una tumba? Mejor un gorrión al lado
que un gorrón.”
Este artículo me trae a la memoria, un chiste que yo solía contar,
hace ya algunos años; el cual me habían contado antes a mí,
naturalmente. La historia es la siguiente: Dos amigos mexicanos se
van de copas. Al terminar la primera ronda, el gorrón mete la mano en
el bolsillo, en claro ademán de pagar, pero haciéndose el remolón
hasta que el otro saca el dinero. Entonces el gorrón, a modo de falso
reproche, le dice: ¡No se me adelante, manito! ¡No se me adelante! Y
continúan el periplo, de tasca en tasca, repitiéndose el mismo ademán
de llevar la mano al bolsillo, pero sin soltar ni un solo peso, y
exclamando de nuevo: ¡No se me adelante, manito! ¡No se me adelante!
Cuando llevaban recorridas media docena de tascas, el amigo, que ya
estaba hasta el sombrero de pagar todas las rondas, decidió demorarse
en el pago de la siguiente. Así lo hizo, y el gorrón, escenificando el
mismo gesto de costumbre, al ver que el amigo esta vez no sacaba el
dinero, exclamó un tanto contrariado: ¡No se me adelante, mano! ¡No se
me adelante! ¡Pero tampoco se me retrase! (Imagínate estas
exclamaciones con el característico acento mexicano -acuérdate de
“Cantinflas”, por ejemplo-, y te resultará más gracioso).
Mañana será la noche mágica de los Reyes Magos, que, sentados en sus
dorados y deslumbrantes tronos, sobre unas majestuosas carrozas,
estarán presentes en todas las cabalgatas, de todas las ciudades
-pues, al ser magos, tienen el don de la ubicuidad, naturalmente-, y
así, Melchor, Gaspar y Baltasar, con todo su séquito, saludarán con
complacencia a todos los niños y niñas que, con los ojos abiertos
como platos, los contemplarán atónitos, ilusionados y también ¡cómo
no!, sobre todo los más pequeños, algo asustados.
Todos hemos pasado por esa edad, ¡maravillosa edad de la inocencia!,
amigo mío, en la que todo era bondad y ternura. Luego, con el paso de
los años, con infinita desilusión, se pierde aquella inocencia
encantadora y nos volvemos egoístas –a veces, malvados-. En ocasiones,
también crueles; tratando de ocultar que, en el fondo, somos débiles y
vulnerables. Pero nos hacemos los duros, como queriendo demostrar que
somos muy “machos” -por aquello del ¡qué dirán!-, cuando la realidad
es que nos volvemos imbéciles. ¡Una verdadera pena!
Más tarde, sobre todo en la madurez, nos vamos serenando y vemos las
cosas con mayor objetividad. Nos volvemos más prudentes –no todos,
ciertamente- y dejamos de dar importancia a una serie de cosas que, en
realidad, son triviales, fútiles... insustanciales. Llegamos a tener
la capacidad de valorar todo -o casi todo- en su justa medida. Aunque,
en algún momento, ciertamente, podemos llegar a comportarnos con
asombrosa inmadurez. Y, cuando reflexionamos sobre ello, nos
avergonzamos interiormente; pero no queremos reconocerlo. Nos volvemos
infantiles y caprichosos, y nos damos cuenta; pero seguimos adelante
con nuestra tozudez. Somos así de obstinados. En el fondo,
independientemente de la edad que tengamos, nunca dejamos de ser
niños.
Bueno, paciente amigo, empecé hablando de los Reyes Magos y de la
inocencia de los niños, y terminé filosofando sobre la madurez del
hombre y sus pautas de comportamiento. Soy incorregible. Empiezo a
darle a la tecla, con decisión temeraria, y me arrojo al vacío
lingüístico sin saber como voy a terminar. Algo así como el que se
sube a una cumbre nevada, se calza los esquíes y, sin tener la menor
idea, se lanza cuesta abajo a toda velocidad. Lo que yo denomino:
“inconsciencia aventurera.”
Recibe un fuerte abrazo.
(17 enero 2009)
Amigo imaginario:
Superada la quincena del primer mes del año, continúa la masacre en
Gaza. Los continuos ataques del ejército israelí, que no respeta ni
las sedes de la ONU –a pesar de que estaban perfectamente
señalizadas-, siguen ocasionando decenas de muertes de civiles:
hombres, mujeres y niños. Familias enteras perecen en esta guerra que
parece no tener fin. Ayer mismo, una madre y sus cinco hijos murieron
a causa de los disparos de un tanque israelí. Y así un día y otro.
Esta locura, amigo mío, es consecuencia del odio ancestral entre
judíos y palestinos. Israel y Palestina, que me retrotraen a mis
primeros años de colegio -en los que estudiaba Historia Sagrada-,
están condenadas a entenderse o aniquilarse entre sí, si Dios no lo
remedia.
Como puedes ver, desconocido amigo, el mundo sigue revuelto y nada
hace presagiar una pronta solución. Como me decía mi abuela, y de esto
han transcurrido más de cincuenta años: “Loco estaba el mundo cien
años atrás, loco lo encontramos y loco seguirá”.
Te supongo enterado -imposible abstraerse ante tanto bombardeo
informativo- de que el próximo martes día 20, Barack Obama jurará su
cargo como cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos. Y le
espera una ardua tarea: sacar a su país de una crisis económica sin
precedentes desde 1930, poner fin a dos guerras abiertas -Irak y
Afganistán-, el conflicto en Oriente Medio -Israel y Palestina-, la
crisis nuclear con Irán, las tensas relaciones con Rusia…Y otros
problemas heredados de su predecesor George W. Bush -sanidad,
educación e inmigración-, que, sin duda, ha sido el peor presidente
de la historia de los Estados Unidos.
Por todo ello, el señor Obama va a estar sometido, durante mucho
tiempo, a una gran presión. Y, como escribió hace unas semanas Paul
Kennedy, director del Instituto de Estudios sobre Seguridad
Internacional de Yale: “Obama no podrá satisfacer todas las esperanzas
que han depositado en él todos los estadounidenses alegres y ansiosos
y todas las multitudes de otros países, igualmente ansiosos”. En este
sentido, el propio Obama dijo en una de sus últimas entrevistas:
“Quiero ser realista: no podremos hacer todo lo que prometimos con el
ritmo que habíamos esperado”.
Toda esta información, como puedes comprender, la he ido sacando de la
prensa diaria que, a la vista de tanto acontecimiento, últimamente
está muy nutrida.
Amigo mío, la actualidad manda y de ella tenemos que hablar. Espero
que en la próxima carta no me sienta obligado a seguir haciendo
comentarios políticos, aunque todo depende de la actualidad más
inmediata. Pues, para bien o para mal, nos encontramos inmersos en
precampaña electoral en Galicia.
Un fuerte abrazo.
(21 enero 2009)
Amigo imaginario:
¡Ayer fue el gran día! El mundo entero estuvo pendiente de la
ceremonia de juramento de Barack Obama como presidente de los Estados
Unidos de América. Fue una jornada histórica, en la que más de dos
millones de personas, soportando un frío casi polar, asistieron en
directo a este acontecimiento extraordinario. Y, entre aquella
multitud, como no podía ser de otra forma, había muchos afroamericanos
que quisieron presenciar cómo se cumplía el sueño de Martin Luther
King.
Independientemente de toda la pompa protocolaria que rodeó la
ceremonia –incluido el himno interpretado por la legendaria Aretha
Franklin-, lo realmente importante y de gran trascendencia, sin duda,
ha sido el tan esperado discurso del flamante presidente. De este
discurso, que es una manifiesta declaración de intenciones, la prensa
destaca las mejores frases:
“Estamos reunidos porque hemos elegido la esperanza sobre el miedo; la
unidad de propósito sobre el conflicto y la discordia”.
“Seguimos siendo una nación joven, pero ha llegado el momento de dejar
a un lado las chiquilladas. Ha llegado el momento de reafirmar nuestro
espíritu permanente, elegir nuestra historia mejor”.
“Ellos, los pioneros, concibieron América como algo más grande que la
suma de nuestras ambiciones individuales”.
“Nuestro poder crece a través de su uso prudente; nuestra seguridad
emana de la justicia de nuestra causa”.
“Buscamos una nueva dirección hacia delante con el mundo con el mundo
musulmán, basada en el interés mutuo y en el mutuo respeto”.
Yo, amigo mío, destacaría también las primeras palabras de este
discurso memorable: “Conciudadanos, estoy aquí con humildad frente a
la tarea que tenemos ante nosotros…”
Barack Obama, haciendo una discreta mención a su condición de
afroamericano, recordó que es hijo de un hombre que hace sesenta años
no hubiera podido entrar en un restaurante de Washington.
Ahora, una vez apagados los ecos de este acontecimiento memorable, el
nuevo presidente tiene ante sí un largo y difícil camino por
recorrer. Esperemos, por el bien de todos -por el bien del mundo
entero-, que la humildad, la prudencia, la justicia y el respeto a las
leyes, a las instituciones y a los organismos internacionales, sean
sus inseparables compañeros de viaje.
Te decía en mi carta anterior, sufrido amigo, que esperaba no verme
obligado a seguir haciendo comentarios políticos en la próxima carta.
¡Qué ingenuo soy! No hay posibilidad alguna de eludir la avalancha
informativa de los últimos días -me refiero a la información política,
naturalmente-, porque, con los ojos puestos en Estados Unidos y
Oriente Medio, todos los medios -incluido Internet-, han multiplicado
sus esfuerzos para poder ofrecer la última hora de los
acontecimientos.
Lo que más me ha indignado, porque considero que es frivolizar un
acontecimiento tan relevante como la ceremonia de juramento del nuevo
presidente de la nación más poderosa del planeta, han sido las
opiniones divergentes, sobre el color del vestido de la primera dama,
Michelle Obama, en dos conocidos programas de radio. Unos opinaban que
era de color amarillo limón. Otros que se trataba de color pistacho.
El conductor del programa, que parecía el dorado de las burbujas de
Freixenet. Y, finalmente, una comentarista de moda, dijo que se
trataba, sin duda, de un amarillo mimosa, de acuerdo con la carta
internacional de colores “Pantone”.
¡Qué pérdida de tiempo! ¿Cómo puede haber tantas opiniones diferentes
sobre el color de un vestido, y no llegar a ningún acuerdo? ¿Qué
trascendencia puede tener un detalle tan irrelevante, comparado con el
gran acontecimiento que se estaba viviendo? ¿Cómo es posible que
pululen por las tertulias radiofónicas y televisivas, personajes a los
que se les paga por opinar -risas sarcásticas incluidas- sobre
cuestiones tan triviales, frívolas e insustanciales? ¿Cómo es posible
que prestemos atención a tanta mediocridad? ¿Cómo es posible?
Otra cuestión, que también originó otro comentario irónico, fue los
dos “gallos” que, al parecer, se le escaparon a la cantante Aretha
Franklin. En mi opinión, por respeto a su edad y a su categoría
indiscutible como intérprete de soul -apodada “Lady Soul” o también
“Queen of Soul”-, este comentarista tendría que haberse callado;
teniendo en cuenta, además, la fría mañana de ayer en Washington. Lo
dicho, ¿cómo es posible?
Lamento profundamente que tengas que soportar mi rabia, volcada en las
cartas que te escribo regularmente, pero es tal mi indignación ante
comportamientos tan superficiales, que no puedo reprimirme. De lo
contrario, tendría que asomarme a la ventana -o salir a la calle- y
manifestar a gritos mí irritación. Pero, naturalmente, ese sería un
comportamiento ¡tan poco civilizado! -demencial, diría yo-, que
acabaría, sin duda, enfundado en una camisa de fuerza. Por ello,
amigo mío, prefiero manifestarlo poniendo negro sobre blanco, por
considerarlo más prudente y saludable.
Hoy me he extendido más de lo habitual, pero los acontecimientos y los
comentarios se imponen a cualquier limitación de tiempo o espacio.
Recibe un fuerte abrazo y mi agradecimiento por tu paciencia.
(01 Mayo 2009)
Amigo imaginario:
Hemos dejado atrás el mes de Abril, con su carga de acontecimientos:
Renovación ministerial en el Gobierno de España, nuevo presidente de
la Xunta de Galicia, nuevo presidente del País Vasco, juicio por el
asunto de las identificaciones de las víctimas del Yak-42, visita a
España del presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, y su esposa; y, por
último, como indeseable compañero de viaje, la gripe A(H1N1)
-inicialmente denominada gripe porcina-, que la OMS ya le ha otorgado
el grado 5, convirtiéndose en pandemia.
En lo que se refiere a la gripe A, independientemente de las medidas
preventivas: mascarillas, guantes y máxima higiene, considero que
sería necesario -tal vez, imprescindible- establecer un protocolo de
aislamiento preventivo para todos los viajeros procedentes de México,
durante un período de tiempo que, naturalmente, determinarían las
autoridades sanitarias. De esta forma se evitarían, en gran medida,
contagios innecesarios. Seguiremos, con la natural preocupación, el
desarrollo de esta enfermedad vírica que, además de las víctimas que
puede dejar por el camino -y este es el hecho más lamentable-,
complicará, todavía más, la crisis global que estamos padeciendo.
Cambiando de asunto, amigo mío, hoy es 1º de Mayo, día de
manifestaciones sindicales reivindicativas. Consignas a voz en grito,
reclamando lo de siempre: pleno empleo, no al abaratamiento del
despido, salarios dignos… Las frases que saben que gustan a todos,
políticamente correctas, y poco más. Todo un espectáculo callejero.
Al final, discursos que se repiten año tras año. Lectura de
manifiestos, mucha oratoria…, pura demagogia.
En mi opinión, las Organizaciones Sindicales han de ser los
interlocutores válidos entre los trabajadores y la patronal. Han de
ser los negociadores que, con planteamientos razonables -y razonados-,
exijan a la patronal unos salarios dignos y los medios necesarios para
garantizar la seguridad del trabajador. Exigir, también, la abolición
de la precariedad en los contratos y que la cuenta de resultados,
cuando refleje menos ganancias -que no pérdidas-, generalmente por
razones coyunturales, no condicione la continuidad de los puestos de
trabajo. Porque, cuando las ganancias disminuyen, la reacción
sistemática de la empresa es despedir al trabajador. Sin embargo,
cuando las ganancias aumentan -salvo honrosas excepciones, que las
hay-, el empresario no tiene en cuenta al trabajador que propició el
aumento de esas ganancias.
Al mismo tiempo, los sindicatos también tendrían que exigir la
prohibición de los contratos blindados de algunos ejecutivos, que,
requeridos por las empresas para mejorar los resultados -o
reflotarlas-, terminan hundiéndolas definitivamente, dejando a los
empleados en la puñetera calle; y ellos, con una sonrisa de oreja a
oreja, se van con una pasta gansa. Lo razonable, creo yo, sería que,
independientemente del salario fijado en el contrato, pactaran un
complemento, que estaría condicionado, “ sine qua non” , a los
resultados positivos de su gestión.
Finalmente, si el resultado de las negociaciones con la patronal es
negativo, el siguiente paso será ponerlo en conocimiento del Gobierno,
para que actúe como mediador en el contencioso, y haga valer su
autoridad, siempre dentro de un marco legal y objetivo, naturalmente,
que satisfaga a ambas partes.
Considero, también, querido amigo, que en las pequeñas empresas -con
un máximo de diez empleados-, a las que los sindicatos ni se acercan,
los trabajadores están absolutamente a merced del empresario, el cual
puede ser una persona honesta, responsable y considerada. Pero también
puede ser un tirano explotador. Y estos trabajadores, sin nadie que
los defienda, no tienen la oportunidad de protestar -y mucho menos de
exigir-, porque saben que, automáticamente, les indicarán en que
dirección está la puerta de salida.
Esta es mi particular visión del asunto laboral-sindicalista, y espero
que la tuya se le aproxime, aunque sea levemente.
Como de costumbre, recibe un fuerte abrazo.
(18 Mayo 2009)
Amigo imaginario:
Todavía resuenan los ecos del debate sobre el estado de la nación. Sin
embargo, los actores -me refiero a los señores Zapatero y Rajoy- han
vuelto a dar el mismo espectáculo: las acusaciones y los reproches se
han convertido en el pertinaz y recurrente argumento de los últimos
cinco años. Los mismos gestos a los que nos tienen acostumbrados.
Pero, lamentablemente, da la impresión de que lo realmente importante,
en este tipo de confrontaciones, es descubrir quién ha resultado
vencedor. Todo lo demás -las propuestas, las medidas adoptadas, o por
adoptar, y los datos más o menos preocupantes sobre la crisis global
que nos está asfixiando-, pasa a un segundo plano. La cuestión es
discernir quién ganó.
Amigo mío, espero que estés de acuerdo conmigo en que, en los
enfrentamientos verbales entre líderes políticos, los únicos que ganan
o pierden son los ciudadanos. El futuro de la ciudadanía, depende, en
gran medida, del comportamiento, casi siempre cuestionable, de los
políticos. Y de sus decisiones, no siempre afortunadas. Por ello,
cuando se habla de ganador o perdedor, como si se tratara de un
combate de boxeo ¡qué estupidez!, la sociedad siempre acaba pagando
los platos rotos. O, tal vez, la vajilla completa.
A grandes rasgos, yo definiría el debate sobre el estado de la nación
como un cuerpo a cuerpo dialéctico, en el que el señor Rajoy
-presidente del Partido Popular-, hizo gala de su elocuencia retórica,
pero sin aportar absolutamente nada. Y, por su parte, el señor
Zapatero -presidente del Gobierno-, a pesar de sus limitadas
cualidades dialécticas, que son más que evidentes, hizo una amplia
exposición de medidas orientadas a paliar la crisis económica,
concretó propuestas de índole diversa -aunque algunas estaban,
claramente, cogidas con alfileres; ni siquiera hilvanadas- y, también,
aportó datos y porcentajes que no alcanzamos a comprender la gran
mayoría de los ciudadanos. Sin embargo, como es comprensible, las
medidas y propuestas del Gobierno no tendrán resultados inmediatos.
Habrá que esperar.
Querido amigo, conociéndote, sé que tienes tu propia versión de los
hechos. Y, también, creo adivinar que no coincide con la que yo he
expuesto en esta carta. Pero esa es la grandeza de la libertad de
pensamiento.
Un fortísimo a brazo.
(27 Mayo 2009)
Amigo imaginario:
Hoy es un día muy esperado por los aficionados del F.C. Barcelona.
Esta tarde-noche, como supongo que sabrás, se enfrentará, en el
Estadio Olímpico de Roma, al Manchester United, en la final de la
Champions League. Será a las nueve menos cuarto, y en este momento son
las siete y media, todavía. Es decir, dentro de una hora y media dará
comienzo el partido. Al final de esta carta te diré cual ha sido el
resultado del que se puede denominar, sin ninguna duda, el partido del
año.
Reconozco que soy un aficionado “descafeinado”, pues no suelo ver los
partidos completos. No obstante, hoy veré todo el encuentro, sin
pestañear, de principio a fin. La ocasión lo merece. Y el Barça,
también.
Nunca te he comentado, amigo mío, por qué el Barça es mi equipo de
fútbol favorito. Esta es la historia: Tendría yo 15 años, más o menos,
cuando fui a ver la película “ Los ases buscan la paz”, basada en la
vida de Ladislao Kubala. Este film narra las vicisitudes de este gran
futbolista, desde que salió de Budapest (Hungría) -su ciudad de
nacimiento, el 10 de junio de 1927-, hasta que llega a España, en
1950. El 15 de junio de ese mismo año, a la edad de 23 años, firmaba
contrato con el F.C. Barcelona, siendo director técnico Josep
Samitier.
Al salir de ver la película, decidí que Kubala sería mi ídolo
futbolístico indiscutible; y el Barça, el único equipo de fútbol del
que sería partidario incondicional.
Algo parecido me había ocurrido anteriormente con el baloncesto: Se
proyectaba una película protagonizada por los Harlem Globetrotters, y
me entusiasmó tanto su peculiar manera de jugar, los malabarismos que
hacían con el balón y las acrobacias en sus tiros a la canasta, que al
día siguiente me inscribí en uno de los tres equipos con mayor
relevancia de mi ciudad, que buscaba jugadores para su equipo juvenil.
Así que, con moderado éxito, jugué dos temporadas en el puesto de
alero, y destaqué como encestador. El baloncesto y la natación, fueron
los deportes que practiqué con mayor acierto.
En lo que al fútbol se refiere, sólo pude jugar de portero -no tenía
cualidades para llevar el balón en los pies- y lo hacía razonablemente
bien. Pero, en un partido de fin de curso, el lanzamiento de un
penalti fue determinante para que abandonara, definitivamente, la
portería y la práctica de este deporte. El lanzamiento, potente y con
mala intención, hizo que el balón fuese dirigido, directamente, a la
altura de mis testículos. Estaba atento y preparado para recibir el
esférico. Paré el lanzamiento, pero los guantes estaban húmedos y
tenían arenas adheridas -había llovido y el terreno de juego era de
tierra-, así que el balón, debido a la potencia con que había sido
lanzado, se escurrió entre los guantes e impactó, con precisión
balística, en la zona sensible mencionada. El dolor fue tan intenso
-aún me duele sólo de pensarlo- que me quedé sin respiración. Ahí
terminó mi aventura futbolística.
Querido amigo, lo prometido es deuda: ¡Ha ganado el Barça!, por dos
goles a cero (2-0). No puedo ocultar mi alegría, tengo que confesarlo,
porque este equipo ha ganado este año: Liga, Copa del Rey y Copa de
Europa. Su calidad de juego, incuestionable, es admirada en todo el
mundo. Ganó el F.C. Barcelona. Ganó el mejor. Y su afición, también.
¡Baaaaarça!
Con toda la emoción…, un fuerte abrazo.
(31 Mayo 2009)
Amigo imaginario:
Otro mes que se va, pero no en silencio. El arzobispo de Toledo,
Antonio Cañizares, ha puesto la nota discordante -también, disonante,
desafinada, inarmónica…- en un asunto que, por su contenido, debería
de tratarse con extrema prudencia. Pero monseñor Cañizares, cardenal
prefecto de la Congregación por el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos -¡coño, qué rimbombante!-, en un alarde de inspiración -no
divina, espero-, ha manifestado que: “no es comparable el caso de los
abusos a menores en Irlanda con el aborto, porque el primero afecta a
unos cuantos colegios y el segundo supone que más de 40 millones de
seres humanos se han destruido legalmente”. Y se quedó tan ancho.
Como puedes ver, amigo mío, la incontinencia verbal de algunos
miembros de la jerarquía de la Iglesia, tan pródiga en los últimos
tiempos, ha generado en la sociedad, católica o no, un dilema moral
desconcertante. Porque la pederastia no sólo es un abuso sexual
cometido con niños, sino un hecho delictivo grave, sin excusa
atenuante, que merece un castigo ejemplar. Y no es suficiente con
pedir perdón.
Declaraciones como las de monseñor, consentidas por la Iglesia,
propician que sintamos cierta animadversión hacia lo eclesiástico; y
ello puede crear un conflicto de obediencia y disciplina, empañando la
abnegada labor pastoral y caritativa de tantos sacerdotes que,
conociendo a pie de calle -en sus parroquias- la realidad de los que
sufren, ayudan a mitigar las necesidades tanto materiales como
espirituales. Es decir: las del cuerpo, que son muchas; y las del
alma, que también. Todo lo demás son monsergas cardenalicias.
Como le dijo don Quijote a Sancho Panza: “Amigo Sancho, con la Iglesia
hemos topado”.
Un fuerte abrazo.
(07 Junio 2009)
Amigo imaginario:
Hoy, cumpliendo con mi deber de ciudadano, he ido a votar. Las elecciones europeas, como tu sabes, no suscitan mucho interés entre la ciudadanía; sobre todo, después de la deplorable campaña que han escenificado nuestros políticos. Ha sido un cúmulo de despropósitos, y una verdadera vergüenza. Por eso, amigo mío, estuve dudando: si voto, además de ejercer un derecho, puedo contribuir -o intentarlo, al menos- a mejorar las cosas; y si me abstengo, mi contribución será nula -además de favorecer a quienes no lo merecen-, y no tendré luego ningún derecho a quejarme, ni a protestar. Cierto es, sin embargo, que las quejas y las protestas, tampoco servirían de mucho. Pero, bueno, la decisión final, a pesar de la lluvia, ha sido ir a votar. Y creo que hice lo correcto. Espero, querido amigo, que también tú hayas ido a depositar tu voto.
Estas elecciones me causan una incertidumbre que no había sentido en anteriores convocatorias; y tal vez sea debido a la incoherente -también, descarada- campaña que nos han ofrecido, y que, me temo, influirá, muy negativamente, en el ánimo de los ciudadanos para acercarse a las urnas. De todos modos, esta misma noche conoceremos los resultados. Aunque, sean cuales sean esos resultados, no creo que vayan a cambiar sustancialmente nuestras vidas.
No me resigno a enviarte esta carta, sin saber qué partido ha resultado vencedor. Por ello, esperaré a conocer el resultado del escrutinio; y la terminaré, aunque sea de madrugada, comentándote mis impresiones al respecto. ¡Qué noche me espera!
……
Bueno, no es necesario que demore demasiado la hora de irme a la cama. Son las diez y media de la noche, y ya se conoce el resultado definitivo: el ganador de las Elecciones Europeas 2009 es el Partido Popular.
¡Enhorabuena! Porque, a pesar de tu hermetismo, sé que eres simpatizante de esa formación política. Estoy casi seguro de que tenemos, también, otras preferencias antagónicas. Sin embargo, espero que ello no impida continuar con nuestra amistad epistolar.
Dicho esto, te confieso que no me ha sorprendido el resultado de estas elecciones. Tenemos lo que merecemos. La campaña fue de lo más frustrante: no nos hablaron de Europa y de sus posibilidades. Los casos de presunta corrupción -todavía no hay sentencias- son un escándalo y una vergüenza. El capitalismo, salvaje e irracional, ha provocado la crisis que estamos padeciendo... ¡Y ganan las elecciones! Está visto que nos va la marcha. Y digo esto, amigo mío, porque sigue estando en mi memoria el aplastante resultado favorable al PP, en las elecciones municipales de 2003 en Galicia, después de la catástrofe del petrolero “Prestige”. Y, curiosamente, en los ayuntamientos de las zonas más afectadas. Porque, llegado el momento de pasar por las urnas, ya nadie se acordaba de las mentiras, los engaños y el abandono que padecieron, por la desidia de un Gobierno autonómico en manos del PP. Ya nadie recordaba el negro y viscoso “chapapote”, que había teñido de negro destino el mar, las playas y rocas del litoral, porque las indemnizaciones a discreción les habían borrado la memoria. Dice un Proverbio chino: “Cuando el dinero habla, la verdad calla”. Por este y otros motivos, estimado amigo, exclamo con amarga tristeza: ¡tenemos lo que merecemos! Ahora bien, mírese por donde se mire, este país necesita con urgencia una formación política centrista; porque, como tú sabes, en el centro está el equilibrio, la equidistancia y la moderación.
Por hoy no te doy más la lata, que ya está bien de monserga, y me voy a dormir. Tal vez, a soñar.
Un abrazo afectuoso.
(12 Junio 2009)
Amigo imaginario:
Han transcurrido sólo cinco días desde la última carta, pero los recientes acontecimientos me superan y tengo que comentártelos para desahogarme.
Ayer todos los medios dieron la noticia: “El Real Madrid paga 94 millones de euros al Manchester United por el traspaso del jugador portugués Cristiano Ronaldo”. ¡Hala! Alegría, que esto es Jauja. Si ya lo decía aquel eslogan de antaño: Spain is different (España es diferente). Y tanto que lo es, amigo mío. Porque no deja de ser una locura, una inmoralidad y una provocación, que se despilfarre una suma de escándalo para conseguir a un jugador de fútbol. Un derroche que, independientemente de la crisis económica que está atravesando este país, es una insolente demostración de poder del actual presidente de este club de fútbol. No importa que tengamos más de 4 millones de parados. No importa que decenas -tal vez, centenares- de empresas tengan que cerrar sus puertas, asfixiadas por las deudas contraídas con la Seguridad Social y con la Agencia Tributaria, dejando en la calle a millares de trabajadores. Sin embargo, a los clubes de fútbol se les permite seguir engrosando las deudas, hasta el infinito -con la misma Seguridad Social y con la misma Agencia Tributaria-, sin que nadie se inmute, mirando hacia otro lado, y ¡que siga la fiesta! Una vergüenza, amigo mío. Una verdadera vergüenza.
Al hilo de todo esto, me hago la siguiente reflexión: si el salario de estos personajes es tan elevado, los qué entienden del asunto dicen que puede llegar a ser de 1.000 euros la hora -¡ojo!, no la hora trabajada, sino la hora del día; es decir, también cuando duermen, que no deja de ser, además de un pastón, también una inmoralidad-, si cotizaran a la Seguridad Social y a la Agencia Tributaria -léase Hacienda-, las arcas del Estado ingresarían una cantidad muy respetable. Pero no, amigo mío, estas estrellas del balompié exigen cobrar su astronómico sueldo libre de impuestos (neto). Lo que quiere decir, que el club que les paga tendría la obligación de abonar al Estado las cantidades retenidas, en función del importe íntegro (bruto) que le correspondería cobrar al jugador. Pero, paradójicamente, el club no ingresa cantidad alguna, con lo cual la deuda de éste con el Erario público, es cada vez mayor. De este modo, Hacienda, como cualquier entidad bancaria, permite a los clubes de fútbol el aplazamiento del pago de la deuda, en base a unos intereses que se incrementarán hasta el infinito, pero sabiendo de antemano que nunca se llegarán a saldar: ni el capital, ni los réditos. Y… suma y sigue.
Por tanto, si mi reflexión no es errónea, llegamos a la siguiente conclusión: Si estos jugadores de élite no pagan impuestos por lo que cobran, y los clubes (la patronal) tampoco ingresan las retenciones por lo que les pagan, ¿quiénes son los que con sus impuestos alimentan las arcas del Estado que, sin embargo, cada vez están más flacas? La respuesta es muy sencilla: todos los ciudadanos anónimos, con salarios o pensiones de risa -quiero decir, de asco-, a los que Hacienda les controla hasta el aire que respiran. Es decir, todos nosotros.
Dicho esto, espero que, en lo sucesivo, el Gobierno tome cartas en el asunto y establezca un límite legal que frene estos excesos.
Otra información que quería comentarte, y que he leído en la prensa de hoy, tenía el siguiente titular: “Denuncian que el PP llenó un mitin ofreciendo trabajo a inmigrantes”. Y continuaba, diciendo: “El Centro Integral de Inmigrantes Latinoamericanos denunció ayer, según informa el diario Levante, un supuesto fraude a 39 familias de inmigrantes residentes en Castelló a las cuales se les prometió un puesto de trabajo -que nunca llegó- con la condición de acudir al mitin electoral que celebró el PP el pasado martes 2 de junio en la plaza de toros de Valencia”.
Bueno, querido amigo, las maniobras orquestales a las que recurren los partidos políticos en las campañas electorales son vergonzosas y deplorables. Si esta información es cierta, les prometieron trabajo a los cabezas de familia, dispusieron autobuses para trasladar a estas familias -casi un centenar de inmigrantes- y a los simpatizantes, en viaje de ida y vuelta; las acomodaron en el lugar que les tenían reservado en el mitin, y una vez terminado… adiós muy buenas.
Para dedicarse a la política hay que estar hecho de una pasta especial. Los sentimientos no cuentan. Los escrúpulos, tampoco. Todo vale, con tal de lograr los objetivos prefijados. Lo importante es conseguir votos. Como yo siempre digo: la política, para los políticos.
Un abrazo afectuoso.
(20 Junio 2009)
Amigo imaginario:
Hace algún tiempo, no puedo precisar cuánto, leí un artículo titulado “Saber vivir”, que me impresionó agradablemente, y se convirtió en mi guía de comportamiento. Se trata, a mi modo de ver, de una lección magistral de aptitud ante la vida. Es una reflexión tan profunda, que no puede dejar a nadie indiferente. Por ello, querido amigo, quiero compartir contigo este pensamiento filosófico, que es, sin duda, la incuestionable realidad de la vida. Dice así:
Un profesor, delante de los alumnos de su clase de filosofía, sin decir una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí.
El profesor cogió una caja llena de perdigones y la vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.
Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime y rotundo.
El profesor, rápidamente, añadió dos tazas de café al contenido del bote y, efectivamente, llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo:
“Quiero que os fijéis en que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y sólo nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas.
Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche… La arena es el resto de las pequeñas cosas.
Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestros tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes. Prestad, pues, atención a las cosas que son cruciales para vuestra felicidad.
Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades. El resto es arena”.
Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaba el café. El profesor sonrió y le dijo:
“Me encanta que me hagas esa pregunta”. El café es para demostrar que, aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de café con un amigo”.
Espero que su lectura te haya entusiasmado tanto como a mí. Y deseo, también, que consigas aplicarlo en tu caminar por la vida, procurando siempre establecer un orden de prioridades, sabiendo separar lo necesario de lo superfluo. Porque, amigo mío, aprender a relativizar las cosas, otorgando importancia a lo que realmente la tiene, es fundamental para comprender la diferencia entre las pelotas de golf y la arena.
Amigo mío, en la madrugada de ayer día19 -a las 01:15 horas- falleció en Anantapur (India) Vicente Ferrer, a la edad de 89 años. Según la nota de prensa de su Fundación, serias complicaciones respiratorias y cardíacas, como consecuencia del accidente bascular cerebral que sufrió el pasado 19 de marzo, han sido las causas de su fallecimiento.
Como sabrás, este gran humanista, nacido en Barcelona, dedicó más de 50 años de su vida a la ardua tarea de ayudar a los más desfavorecidos. Se enfrentó a los poderosos en contra de la discriminación, el sufrimiento y la pobreza. Vicente Ferrer, que llegó a la India en 1952 siendo misionero jesuita, realizó una titánica labor humanitaria a favor de las castas más despreciadas del país. En 1969 abandona la Compañía de Jesús y crea, junto a la que más tarde sería su esposa -la periodista británica Anne Perry-, la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur.
Entrando en su página Web, se puede ver -a través de videos, fotografías e información diversa- el extraordinario proyecto de desarrollo integral centrado en seis áreas de trabajo: educación, vivienda, mujer, sanidad, ecología y personas con discapacidad.
En la nota de prensa que difundió la Fundación que lleva su nombre, informando sobre el fallecimiento, se puede leer, entre otras cosas: “La Fundación Vicente Ferrer (FVF) es una ONGD comprometida con el proceso de transformación de una de las zonas más pobres de la India, Anantapur, y de las comunidades más excluidas del planeta, los dálits o intocables, los grupos tribales y las backward castes. Actualmente su trabajo llega a 2287 pueblos, beneficiando a más de dos millones y medio de personas”.
Después de todo esto, querido amigo, poco más se puede añadir. Sin embargo, espero que la jerarquía de la Iglesia Católica, representada por la Conferencia Episcopal -que, por cierto, no ha dicho ni una palabra sobre el fallecimiento de Vicente Ferrer, a pesar de lo que les gusta, últimamente, hacer declaraciones de todo tipo-, considere la ejemplaridad de esta vida dedicada a los más necesitados, como un acto incuestionable de manifiesta caridad cristiana. Aunque, pensándolo bien, tampoco será necesario. Nosotros siempre le recordaremos. Descanse en paz, Vicente Ferrer.
Un fuerte abrazo.
Robert NewPort (newport43@gmail.com)
Relatos de Robert NewPort:
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